¿Cómo se construye la ciencia? Guía rápida para no científicos

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Últimamente veo por redes sociales hablar mucho de evidencia científica. Lamentablemente no es porque el interés social por la ciencia esté despertando, suele ser porque algún famosillo de turno o algún periodista con pocas ganas de hacer bien su trabajo suelta alguna parida y la comunidad científica estalla.

En muchas discusiones que saltan a la palestra de vez en cuando vemos gente justificando sus posturas porque “lo han leído no sé dónde”, porque “lo dice no sé quién” o porque “a mi amiga le pasó no sé cuánto”. Pero la verdadera forma de argumentar y demostrar algo cuando estamos tratando un tema tan serio como la salud es presentar evidencias científicas. ¿Y como se crean esas evidencias? ¿Por qué tengo que fiarme de ellas y no de lo que dice mi vecino o la tía de mi amigo?

Con esta entrada quiero contaros paso a paso como se hace una investigación científica, de una forma genérica y sin entrar en muchos detalles, que esto no es una asignatura de Metodología de Investigación. Esto pretende ser una guía para no iniciados en el maravilloso, apasionante y bien pagado (risas, carcajada, golpes en la mesa, lágrimas saltadas que se tornan en llanto…) mundo de la investigación científica. Vamos allá.

1º. Saber qué quiero investigar.

Parece obvio, el primer paso para dar una respuesta es plantear la pregunta. Así que tenemos que buscar algo que queramos saber, que aún no tenga respuesta y que sea de un tema que yo controle lo suficiente como para no ir dando tumbos sin sentido. En mi caso el tema tendrá que ver con la alimentación porque si me pongo a investigar algo sobre arte asiático del siglo XVII no sabré ni por dónde empezar, por mucha curiosidad que me cause. Tampoco tiene sentido investigar sobre cosas que sabemos de sobra.

Supongamos que quiero saber si hay diferencia en la adhesión a la Dieta Mediterránea según el nivel de estudios. Es decir, si las personas con más formación académica siguen más una Dieta Mediterránea o menos que las que tienen menos estudios.

Ya tenemos pregunta, vamos al segundo paso.

 

2º. Búsqueda bibliográfica.

Yo estoy más o menos al día sobre Dieta Mediterránea pero no soy una enciclopedia andante, así que tendré que hacer una búsqueda de información que me permita saber el conocimiento científico actual sobre el tema. Las investigaciones científicas se publican en revistas científicas, hay muchísimas: genéricas o muy específicas, más o menos prestigiosas. Afortunadamente no hay que ir buscando una por una. Hoy día tenemos bases de datos que recogen la mayoría de artículos, permitiéndonos dar con artículos publicados en cualquier revista del mundo.

En la rama de las ciencias biomédicas la base de datos por excelencia es MEDLINE, que pertenece al National Center for Biotechnology Information (NCBI) de EEUU. Para sumergirnos en esa base de datos usamos su buscador propio llamado PubMed. PubMed es ese amigo que al principio no te cae bien pero os acabáis haciendo inseparables. Existen otras bases de datos y buscadores, incluso Google tiene una herramienta especializada, Google Académico, que permite hacer búsquedas solo de artículos científicos. Si queréis buscar información sobre algo por curiosidad os recomiendo Google Académico, porque funciona como Google normal y permite obtener resultados en castellano.

Se pueden hacer búsquedas muy complejas, con montones de filtros e incluso programar avisos por si se publica algo nuevo que te interesa. Pero eso ya es materia avanzada.

Afinamos la búsqueda lo máximo posible y vamos descartando artículos fijándonos en el título, el resumen y leyendo el artículo completo si nos resulta interesante para nuestro tema. Como podéis imaginar esta es la parte menos divertida de la investigación.

Ya hemos leído un montonazo de artículo y tenemos claro en qué punto está el conocimiento sobre nuestro tema. También hemos leído artículos que han intentado responder a la misma pregunta. Y esto es importante, una sola investigación no puede tomarse como respuesta definitiva de nada. Los estudios hay que repetirlos, con muestras cada vez mayores, en distintas poblaciones, corrigiendo posibles sesgos o limitaciones de estudios anteriores… Hace falta mucho trabajo de mucha gente para llegar a conclusiones sólidas.

En base a todo lo que he leído y ya sabía previamente podré formular una teoría previa o hipótesis, que es a la que quiero dar respuesta. En nuestro caso podríamos plantear la hipótesis de que un mayor nivel educativo se relaciona con mayor adhesión a la Dieta Mediterránea.

 

3º. Planear la investigación.

Ya sabemos qué queremos estudiar, así que hay que plantear el cómo. Dependiendo de en qué ámbito de la ciencia nos movamos plantearemos un tipo de estudio u otro. Para nuestro caso plantearemos nuestra investigación como un estudio observacional, esto es que tomaremos datos sobre los comportamientos de las personas (los observaremos sin intervenir) y sacaremos conclusiones a partir de ellos. Hay varios elementos que debemos tener en cuenta en todos los casos, independientemente del tipo de estudio.

Tamaño de la muestra:

Definimos muestra como la parte de la población que usamos en nuestro estudio. En nuestro ejemplo sobre adherencia a Dieta Mediterránea y nivel académico tendremos como población de referencia a toda la población española. Puesto que no es factible pasar encuestas o hacer cualquier tipo de medición a cuarenta y tantos millones de personas, debemos seleccionar solo a una parte: nuestra muestra. ¿Qué tamaño debe tener la muestra? Cabe pensar que cuanto más, mejor. Y es cierto. Pero nos gusta ser más exactos que eso. Hay fórmulas para calcular qué muestra necesitamos dependiendo del tamaño de la población y de las características del evento que queremos estudiar. En la práctica, puesto que las limitaciones suelen venir por los recursos (tiempo, dinero, personal…), sí que se cumplirá la norma de que cuanto más, mejor.

Representatividad de la muestra:

No es suficiente con tener un número de personas más o menos alto participando, estas personas también deberán ser representativas de nuestra población. Imaginemos que seleccionamos a 2 000 mujeres entre 30 y 40 años. Esta muestra está bastante bien en cuento a número, pero no es representativa ya que en España no solo viven mujeres entre 30 y 40 años. Debemos intentar tener una variedad de personas, por lo menos en cuanto a edad y sexo se refiere.

Con una muestra lo suficientemente grande y representativa podremos extrapolar nuestros resultados a la población. Es decir, podremos considerar que los resultados que yo he obtenido estudiando a mis 2 000 personas de todas las edades y sexo se mantendrían si hago el estudio con los cuarenta y tantos millones de habitantes de España.

 

 

4º. Recogida de información:

Ya sabemos qué queremos preguntar y a quién. Toca plantearnos cómo. Hay muchas formas de obtener información dependiendo de los datos que queremos obtener, pero para nuestro caso lo que necesitamos es una encuesta. Lo primero es contactar con las personas a las que queremos estudiar, informarles de qué va la cosa y pedirles colaboración. No todas las personas contactadas participarán en el estudio, ni todas las que empiecen lo finalizarán, esto es algo que debemos tener en cuenta antes de empezar. Muchos estudios se encuentran con problemas precisamente a la hora de conseguir participantes suficientes, ya sea por falta de recursos o por baja participación.

Tenemos que conseguir una encuesta que nos de todos los datos necesarios pero que no sea tan larga como para que la gente no quiera participar. Para nuestro estudios nos bastará con recoger datos genéricos como edad y sexo y preguntar por el nivel de estudios. Medir la adherencia a un patrón dietético como es la Dieta Mediterránea es un tema complejo que me apasiona, hasta el punto que mi tesis doctoral trata sobre eso, pero en resumidas cuentas deberemos saber el consumo de alimentos de la persona. Para ello usaremos un cuestionario de frecuencia alimentaria, que consiste en una lista de alimentos en los que el participante deberá indicar la frecuencia de consumo. Con estos datos podremos calcular y representar la adherencia a la Dieta Mediterránea de una forma numérica.

 

5º. Análisis de los datos:

Una vez tenemos todos los datos recogidos llega el momento del análisis estadístico. Este es un mundo lleno de posibilidades pero nosotros vamos a ser simples y rápidos, que tampoco quiero que se duerma nadie. En nuestro estudio queremos saber si hay relación entre el nivel académico y la adhesión a la Dieta Mediterránea. Pero esta relación no se mide “a ojo”, ni comprobando una por una como puntúan en Dieta Mediterránea las personas con más o menos nivel académico, recordad que tenemos cientos o miles de personas. Para esto existen programas específicos que nos permitirán determinar si existe asociación e incluso la fuerza de esa asociación. Recordemos que los programas son solo máquinas de calcular, el que debe saber qué calcular y cómo interpretarlo es el investigador.

 

6º. Interpretar los resultados:

Este es la parte en la que más nos podemos equivocar o nos pueden engañar si no andamos con ojo. Los números son los que son, pero el significado de esos números… eso hay que saber interpretarlo.

Ya hemos visto que podemos determinar si dos elementos están relacionados de forma estadísticamente significativa. Pero también vamos a aprender una norma básica, fundamental e importantísima y que mucha gente olvida a menudo (o quiere olvidar, según le interese):

La correlación no implica causalidad.

¿Qué quiere decir esto? Pues el hecho de que dos elementos estén relacionados no implica que uno sea causa del otro ni el otro del uno. Veámoslo con un ejemplo y seguro que quedará claro. Supongamos que recogemos unos datos rápidos en una oficina, solo observando el color del pelo y de la ropa de las personas que allí trabajan. Después de estudiar la correlación vemos que la ropa roja se relaciona con el pelo rubio. ¿Quiere decir eso que llevar ropa roja te vuelve rubio? ¿O acaso que los rubios tienen preferencia por la ropa roja? Pues ni una cosa ni la otra, simplemente quiere decir que hay una relación estadísticamente significativa entre el pelo rubio y la ropa roja. Y punto.

Para poder decir que hay relación de causalidad, es decir que algo es causa de otra cosa, se deben dar una serie de circunstancias. Por ejemplo debe haber lo que llamamos plausibilidad biológica, que es una forma elegante de decir que tenga sentido en base a cómo funciona el mundo. En el ejemplo de la oficina es evidente que no tiene ningún sentido que el color de la ropa afecte al del pelo. Lógicamente la causa debe darse antes que la consecuencia en el tiempo. En nuestro ejemplo sin duda el color del pelo se daba antes que el de la ropa.

Con este ejemplo absurdo de pelo y ropa todo parece súper lógico. Pero en la práctica no siempre queda tan claro. Vayamos al ejemplo original de la investigación que estamos realizando, en la que queremos medir la asociación entre la Dieta Mediterránea y el nivel académico.

Supongamos que hemos encontrado que sí hay relación estadísticamente significativa entre seguir una Dieta Mediterránea y un nivel académico alto. La pregunta ahora es: ¿cuál es la causa y cuál la consecuencia? Es posible que la Dieta Mediterránea favorezca unas características fisiológicas en las personas que la siguen que les faciliten alcanzar altos niveles académicos. Claro que también es posible que las personas con elevado nivel académico, debido a que son más conscientes de la importancia de la alimentación, tiendan a seguir más una Dieta Mediterránea que identifican con saludable. Lo cierto es que no podemos saberlo. Ambas posibilidades tienen sentido, tienen plausibilidad biológica. Pero no sabemos qué se daba antes, ya que hemos recogido los datos en un momento determinado del tiempo. Estos estudios que recogen los datos en un único momento como si fuese una fotografía de la realidad se denominan estudios transversales.

Podríamos solucionar este problema realizando un estudio longitudinal. En este seguiremos a los participantes y recogeremos datos a lo largo del tiempo. De esta forma podremos ver la adherencia a la Dieta Mediterránea de todos ellos a lo largo de su vida y ver si acaban alcanzando altos niveles académicos o no.

Pero la cosa es aún más complicada. Hemos estudiado dos elementos o variables, la dieta y el nivel académico. Pero en la vida de una persona hay muchas más cosas que interactúan entre ellas, de formas que aveces ni conocemos. Por eso es importante tener en cuenta otras características que pueden influir en las que nos interesan. Son las llamadas variables de confusión.

Una variable de confusión es algo que afecta a nuestras dos variables de estudio y que si no tenemos en cuenta puede llevarnos a conclusiones muy equivocadas. Una vez más con un ejemplo lo veremos más claro.

En un estudio encontramos que hay una relación entre el número de iglesias que hay en una ciudad y el número de bares. A más iglesias, más bares. Podríamos crear aquí un titular todo lo sensacionalista que queramos en el sentido que nos interese, algo así como: “la construcción de iglesias hace que se abran más bares”. Pero la verdad es que no estamos ante una relación directa entre fe y ganas de tomar unas cañas. Lo que pasa es que no hemos tenido en cuenta una variable de confusión importantísima en este caso: el tamaño de la ciudad. Un ciudad más grande tendrá más iglesias, más bares, más colegios, más carnicerías y más de todo. ¿Ves hasta que punto una variable de confusión puede llevarnos a interpretar erróneamente?

En nuestro estudio una variable de confusión que debemos tener en cuenta es por ejemplo el nivel económico. Sabemos que el nivel económico está relacionado con la forma de alimentarse y también con el nivel académico. Por tanto debemos registrarlo para tener toda la información completa y poder interpretar los datos adecuadamente.

 

7º. Publicación de los resultados:

Lo hemos conseguido. ¡Hemos hecho un estudio científico! Pero la cosa no acaba aquí, los resultados no sirven de nada si no los transmitimos. La comunicación constante de los descubrimientos hace que la comunidad científica avance en conjunto e impide que se repitan investigaciones innecesarias.

Como vimos al principio debemos escribir un artículo para publicarlo en una revista científica. Los artículos tienen una estructura general común, compuesta por: resumen, introducción, material y métodos, resultados y conclusiones. Puede variar un poco según la revista, ya que cada una tiene un diseño y unos requisitos específicos.

El proceso de publicación comienza con la elección de la revista a la que queremos optar. Debemos seleccionar una con una temática acorde a nuestra investigación y ser realista sobre las posibilidades de que les interese nuestro artículo. Los mejores investigadores publican en las mejores revistas, hay que tener los pies en la tierra.

Una vez enviado el artículo a la revista este será sometido a una revisión por pares. En ella varios investigadores conocedores del tema leerán nuestro artículo y decidirán si está bien hecho y redactado. Podrán rechazar el artículo, pedirnos que hagamos cambios o aceptarlo para que sea publicado.

Una vez publicado nuestro artículo estará disponible en las bases de datos para que otra persona lo busque, lea y use en su investigación, cerrando así el ciclo de la vida de la investigación científica.

Hasta aquí esta guía rápida para no científicos sobre cómo se construye la ciencia. Si el tema te produce curiosidad deja un comentario y pregunta lo que quieras. Y como siempre, si te ha gustado comparte. ¡Hasta la próxima!

 

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